17/02/2009

Sobre sensaciones


No quiero hablar de cómo me siento, si no lo hice antes no será ahora cuando me lo plantee. Tampoco quiero explicar qué pienso o cuál es mi opinión al respecto.

Sólo quiero relatar SENSACIONES.

- La primera y más inmediata, que fueron los besos. Volver a sentirme como una quinceañera besando, con una sed entre sus labios y los míos que no terminaba nunca. Desde el primer hasta el último día pasábamos largos ratos disfrutando de ese gran entendimiento.
- Las noches sin dormir, o durmiendo pocas horas, porque tenía al lado a un terremoto que no paraba de moverse ni en estado inconsciente y destruía cualquier fijación entre mis sábanas y el colchón. Los ronquidos, su mano encima de mi cabeza.
- Las velas, el jazz, la ópera, la música italiana, los fados, el incienso.
- Las conversaciones con una copa de vino tinto que siempre terminaban en largos ratos mirándonos en silencio. Los análisis psicológicos de uno hacia otro, el resolver el mundo y cuestionarme el por qué de algunas cosas que para mí nunca habían tenido explicación, simplemente eran “así”.
- Troya, una perra con mucho carácter a la que he terminado cogiendo demasiado cariño. Dormir con ella, a pesar de que se ubicaba estratégicamente entre los dos para marcar terreno.
- La cocina del infierno: gastronomía mezclada con sexo. Degustación para el paladar y el cuerpo. Improvisar un estofado de lentejas.
- Equivocarnos continuamente a la hora de ir al cine o alquilar un DVD que sólo yo terminaba viendo. Descubrir que Californication era nuestra serie.
- Mi mal despertar, que chocaba con su buen despertar.
- Mi sofá convertido en jaima permanente, y la guerra para arrancarle hacia una cama que decía que estaba fría y cuya nórdica “lo absorbía”.
- Esperar la “hora Simpson” y empalmar con Padre de familia.
- Lo mucho que me costaba mirarle a los ojos, pero cuando lograba mantenerle la mirada se ponía muy nervioso.
- Un baile improvisado en mi comedor al son de baladas de Madonna.
- Aunque decía que todavía no identificaba mis onomatopeyas en verdad las captaba demasiado bien, pero nunca se lo dije.
- Jugar al UNO durante horas.
- Lo mucho que nos decíamos cuando no decíamos nada y nos fundíamos en un largo abrazo.
- Su obsesión por mi pelo; le encantaba jugar a despeinarme y tocar mis tirabuzones.
- Lo mucho que le gustaba que mis aptitudes de filóloga le ayudaran a completar lo que quería decir.
- Tener la libertad de no tener que ir deprisa, ni forzar las cosas, ni hacer promesas, aceptar nuestras debilidades, nuestros bloqueos y nuestros miedos. Simplemente disfrutar de las sensaciones provocadas. No tener la necesidad de definir el estado de una situación; sólo vivirla.
- Reírme, o más bien reírme tanto.


Todo esto es lo que echaré de menos. Y alguna que otra cosa más...